La memoria insurgente del sur de Valencia: El dirigente Kendry Chávez desnuda las contradicciones de la IV República y el devenir del proceso revolucionario


La memoria insurgente del sur de Valencia: El dirigente Kendry Chávez desnuda las contradicciones de la IV República y el devenir del proceso revolucionario



VALENCIA, CARABOBO — En una nueva entrega cargada de análisis histórico, vivencias generacionales y autocrítica política, el espacio audiovisual «Hablemos Un Rato», conducido por el comunicador y activista Jonathan Cordero, tuvo como invitado estelar al militante y dirigente social Kendry Chávez. Durante una conversación íntima y profunda, ambos referentes comunitarios recorrieron las páginas más oscuras del puntofijismo, la represión estudiantil de los años 80 y 90, el impacto del Caracazo y las tensiones internas dentro de las filas revolucionarias contemporáneas.

El despertar en el barrio San Agustín y las cicatrices del pasado
Con la naturalidad que otorgan las décadas de brega en las calles del sur de Valencia, Kendry Chávez relató sus orígenes en el sector San Agustín, marcados por el esfuerzo familiar y la impronta de un padre zapatero de izquierda que sufrió la persecución política y la marginación laboral de la época democrática representativa.

Al rememorar aquellos años de formación y los trágicos sucesos del estallido social de febrero de 1989, Chávez reflexionó con crudeza sobre el trauma de la represión estatal:
«Yo me acuerdo que yo era el último, tengo 14 años... A nosotros nos cuidaron en el suelo con el allanamiento y a mi papá le pedían las armas. Eso fue para mí, Jonathan, algo traumático que me cambió a mí la forma de ver el sistema que estaba mandando en ese momento», expresó Chávez, al recordar cómo la violencia institucional quebró prematuramente su adolescencia.

Por su parte, el entrevistador Jonathan Cordero enfatizó la importancia de rescatar estas memorias invisibilizadas por los relatos oficiales, subrayando el costo humano que pagaron las familias y, en especial, las nuevas generaciones en los barrios populares durante el período del puntofijismo:
«La enseñanza histórica del Caracazo siempre nos habla de los militares que dispararon en Caracas hacia los cerros [...] pero nadie nos está hablando de los niños, nadie habla de los niños y niñas que fueron heridos», puntualizó Cordero durante el intercambio de ideas en el programa «Hablemos Un Rato».

De la trinchera estudiantil a la construcción del poder popular
El conversatorio también abordó la evolución del movimiento estudiantil de los años 90 en el emblemático liceo Pedro Gual, donde Kendry Chávez se consolidó como parte de la resistencia juvenil frente a los abusos policiales, la recluta forzada y las políticas restrictivas del entonces gobernador Henrique Salas Römer.

A medida que la entrevista avanzaba hacia el punto de quiebre histórico con la llegada del Comandante Hugo Chávez al poder, ambos ponentes coincidieron en que el tránsito de la protesta armada y espontánea hacia la organización social estructurada representó un reto complejo de maduración política.

En un ejercicio de honestidad y balance político, Chávez no escatimó autocríticas sobre los errores cometidos en el ejercicio del poder local y la necesidad de oxigenar las bases revolucionarias:
«Cometimos errores, Jonathan, y lo digo muy abiertamente y públicamente aquí desde este espacio: cometimos errores, sectorizamos el partido, pero no solamente yo... El debate se tenía que haber dado y se tiene que seguir dando, y es lo que yo pido a través de este espacio en el equipo político comunal», sentenció Chávez.

El llamado ineludible al debate y la unidad
Hacia el cierre de la transmisión de «Hablemos Un Rato», el conductor Jonathan Cordero y su invitado Kendry Chávez concluyeron que el fortalecimiento del proceso político actual pasa indispensablemente por la recuperación del espíritu crítico, la superación del sectarismo y el arraigo absoluto en el territorio junto a las comunas.

Con un mensaje orientado a la militancia y a la sociedad venezolana en general, Chávez reafirmó su convicción inquebrantable en el legado histórico del chavismo, cerrando el espacio con una premisa clara para el futuro inmediato: la consolidación de la unidad y la discusión franca desde las bases populares en los territorios.



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