ORIGEN DE LA VOZ «CARABOBO»

Imagen IA referencial al Cacique Karabo.  NotiEliezer


ORIGEN DE LA VOZ «CARABOBO»
DESDE LA OFICINA DEL CRONISTA
Textos: Omar Ydler 


La sabana épica debe su nombre a una corriente de agua, denominada quebrada Carabobo que vierte sus aguas en el río Paito cruzando los terrenos donde se escenificó la batalla decisiva para la independencia venezolana, victoria que luego dio nombre a todo el estado [Salazar 1994]. Carabobo es voz de origen indígena [caribe] con la cual se designa a una palmera conocida con el nombre de «jipijapa» [Carludovica palmata] [Salazar Ibid.].

     La «Palma Jipijapa» o «Palma Carabobo» [Carludovica palmata], es una pseudopalma de hojas semejantes a las de las palmáceas. Sus inflorescencias e infrutescencias son diferentes a las de las palmas. Es planta típica de la Cordillera de la Costa venezolana. Frecuentemente se cultiva cerca de los cursos de agua o zonas húmedas [Hoyos 2006: 162]. 

     Los cronistas y estudiosos de la historiografía regional han señalado en reiteradas ocasiones los nombres de algunos caciques como voces que se perpetuaron en topónimos carabobeños que han perdurado hasta nuestros días. El cronista Oviedo y Baños [Cit. in Sanoja y Vargas 1992: 174] habla de la abundancia de indios en el Lago Tacarigua, para el año de 1547, cuando el «adelantado» Juan de Villegas lo avista por primera vez, en tanto que el investigador Gaspar Marcano [1971: 35] identifica a los grupos tribales araguas, tacariguas, mucarios y meregotos de la familia caribe y a los ajaguas [axaguas o achaguas], parcialidad caquetía, perteneciente a la familia lingüística arawak, todos moradores de la región carabobeña.
 

El investigador J. Briceño [1978] destaca, a lo largo de su trabajo, un repertorio de nombres de caciques repartidos en toda la región carabobeña situando a Guaicaro [waykaro], Vira, Guayaco y Arai en los predios de la hoy ciudad de Guacara; a Queipa [Keypa], Karabo, Guaratary, Macapurebo y Parduyepo, los ubica al sur de la región lacustre; a Naguanagua y Cariaprima los sitúa en las zonas de la hoy Naguanagua y las proximidades del piedemonte norte; Patanemo en el litoral porteño; a Tacasuruma ocupando la planicie del hoy Belén y a Kananabo en Canoabo. A Ñaraulí no le determina asiento, pero lo menciona junto a Keypa como los dueños y señores de Tacarigua. Briceño propone el origen de los topónimos Carabobo, Guacara y Canoabo a partir de los nombres de los caciques Karabo, Waykaro y Kananabo [pp. 243, 317 y 371]. 

     Es importante señalar que para el momento de contacto con los europeos todas las comunidades indígenas, localizadas en los predios carabobeños, se habían sedentarizado, constituyéndose en aldeas semipermanentes. El conocimiento de las técnicas agrícolas aportadas por los arawak, población esta que fue sometida y «asimilada» por las etnias caribe, dio como resultado el establecimiento de centros poblados «mestizados», en torno a los cuales situaron sus sembradíos. Al respecto, Sanoja y Vargas [Op. Cit.], señalan:

Independientemente de la caracterización lingüística de las comunidades indígenas tardías en el área, es evidente que la contradicción entre las sociedades aborígenes y las condiciones ambientales se resolvió en muchos casos a través del desarrollo de comunidades semipermanentes-sedentarias que estaban en proceso de crear una nueva situación a través del mejoramiento de la producción y la complejización de la superestructura [institucionalización de un poder político inter-aldeas, desarrollo de estamentos sociales, a veces con carácter hereditario, diferentes de los productores primarios]. Este proceso en vías de cristalización, fue interrumpido por la invasión europea en el siglo XVI, paralizando el movimiento de fuerzas internas de las sociedades aborígenes que, de manera paulatina, iban consolidando una unidad político-territorial basada en la identidad lingüística y en la nivelación relativa de los sistemas de subsistencia [175].
 

     El proceso de asimilación de los grupos arawak debió darse por subyugación y sometimiento, tal como ocurrió con las poblaciones arawak de las Antillas. Las migraciones caribes tardías a las islas caribeñas y al centro y occidente de Venezuela parecen haberse producido alrededor de los siglos XIII y XIV, unos setecientos años antes del presente [Jiménez 1990], por lo que el proceso de asimilación de los arawak debió desarrollarse en un lapso de dos siglos. Ello explicaría la estructura de los nombres de algunos caciques, hecho que justificaría el origen de la voz «carabobo», nombre del cacique que ocupaba con su comunidad las sabanas al sur del estado. Una apreciación de Jesús Briceño [Op. Cit. Ibíd.] permite comprender más la situación planteada:

El cacique Karabo era dueño y señor de todo el territorio que hoy llamamos Maruria y Dos Bocas, dispensando amistad y protección a los pobladores de la naciente Valencia. Algunos cronistas opinan que KARABO fue quien dio origen al nombre Carabobo […] A la muerte del cacique, su hijo tomó este mismo nombre repitiendo la sílaba final 'bo' que daba a entender el linaje [243].

     Ya se ha señalado el carácter arawak de la raíz «bo» como apócope de «bohío», voz asignada a la «casa» o vivienda plurifamiliar. Por su parte, «Kara» traduce del caribe «señor muy principal». Karabo viene a significar «hogar o asiento del señor principal». La duplicación de la sílaba final bo conforma un superlativo, que en el caso de Karabo-bo significa «el poblado del señor principal».

     El nombre de la sabana, al sur del estado, fue dado por extensión del nombre del poblado como un fenómeno lingüístico, tomando el todo por la parte, en lo que se conoce como figura de sinécdoque, expresión del habla muy frecuente en cualquier idioma. Todo esto como manifestación y proyección del dominio cacical que marca la posesión como patrimonio del linaje. Y de esa manera fue reconocida la sabana, con el nombre de «sabana de Karabobo», sabana ésta en la que crecía abundantemente la falsa palmera conocida científicamente como Carludovica palmata, la que, también por extensión, fue denominada «palma Carabobo».

     Dentro de la abundante irrigación de la llanura carabobeña, destaca una corriente de agua, denominada también por extensión «quebrada Carabobo», la cual vierte sus aguas en el río Paito, cruzando los terrenos donde se escenificó la batalla decisiva para la independencia venezolana, victoria que luego dio nombre a todo el estado [Salazar 1994: 133]. Esta característica hídrica permitió la proliferación de una pseudopalma, denominada «palma Carabobo», familia de las ciclantáceas, que prefiere la cercanía a los cursos de agua o zonas húmedas [Hoyos 2006: 162]. Sus hojas son semejantes a las de las palmáceas y sus inflorescencias e infrutescencias son diferentes a las que presentan las verdaderas palmas. Por ello ya el botánico alemán K. F. Appun [1974: 74] no la clasificó como una palmera, denominándola en la segunda mitad del siglo XIX como «…el bajo matorral del carabobo de hojas de palmera…». La Carludovica palmata es planta típica de la Cordillera de la Costa venezolana. Salazar [1994: 133] la describe con el tronco corto y refiere que sus hojas se utilizan para confeccionar sombreros. A la palma Carabobo se le conoce con los nombres de Jipijapa, Iraca, Panamá y Atadera.

Cerrando el presente capítulo se ha de asumir firmemente que el cacique Karabo fue quien proyectó su nombre a la llanura al sur del estado, en la que más tarde se desarrolló la epopeya que marcó la independencia nacional, precisamente, esas llanuras marcadas por el linaje aborigen y teñidas por la sangre emancipadora fue de las que derivó su nombre el estado. Dicho de otra forma, «el cacique a la llanura y la llanura a la palmácea y al estado».




Leyenda Foto: [Wikipedia 2025] El bajo matorral del Carabobo es una planta herbácea clasificada como «pseudo palma» o «falsa palmera» no es una palma verdadera, pertenece a la familia Cyclanthaceae ésta no desarrolla tronco leñoso y sus hojas emergen directamente del rizoma. Se puede identificar por presentar largos pecíolos cilíndricos que alcanzan 2 m de longitud, o aún más dependiendo del área geográfica (Fadiman 2001 en Muñoz 2021). Su inflorescencia es pedunculada, con espádices cilíndricos que alcanzan los 20 cm de longitud, lo que las hace bastante atractivas para ser visitadas por las abejas y por las aves silvestres. Sus frutos son unas bayas de consistencia carnosa y de color rojo agrupados en una infrutescencia denominada sincarpo.

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